En cuanto a mi forma de ver la religión, parto de que existen tres realidades:
-Dios, que es la totalidad de la naturaleza, todo lo que hay, todo lo que existe en este momento, incluyendo todos sus elementos y las fuerzas que los rigen, tanto lo que conocemos como lo desconocido,
-la consciencia, que es la acción de unir dos realidades. Ser consciente de algo es aceptar, es identificarse con, es hacerse uno con ese algo, y
-el sujeto que experimenta, esto es, el sujeto de las experiencias, el receptor de las vivencias producidas por la acción de la consciencia, siendo, a su vez, el responsable de su manejo, pues cada ser humano posee esta capacidad de ser consciente.
Así, la consciencia es lo que une al sujeto que experimenta con Dios, es la práctica de la religión, en el sentido etimológico de la palabra, es lo que nos re-liga a Dios. Estar consciente de lo que hay en el presente es estar con Dios, puesto que todo lo que existe en el presente forma parte de la naturaleza, de la totalidad. Cuando estamos en el presente estamos en la naturaleza, pasamos a ser parte de la totalidad, a ser parte de Dios, y cuando no estamos conscientes del presente, cuando no queremos ver ni oír lo que está ahí, ni participar en ello, nos alejamos de la totalidad, de Dios.
"Cuando hagáis de los dos uno, os convertiréis en hijos de la humanidad"
(Evangelio según Tomás)
"Aquel que se convierte en parte de la Naturaleza, se hace uno con el Tao"
(Tao Te Ching)
"Cuando hagáis de los dos uno, os convertiréis en hijos de la humanidad"
(Evangelio según Tomás)
"Aquel que se convierte en parte de la Naturaleza, se hace uno con el Tao"
(Tao Te Ching)
Aquí es donde se une mi religión y mi terapia, en el sentido de que tanto la terapia como la religión en las que creo, se basan en la toma de consciencia, es el mismo camino en ambos casos. Aceptar o ser consciente de mis sensaciones, de mi cuerpo, de mis deseos, de mis actos, de las personas que tengo cerca, de mi entorno, de mis relaciones... es el camino tanto hacia la salud y el crecimiento psicológico como hacia el espiritual.
Hay algo muy curioso en esto, y es que es lo más simple de hacer, de hecho los bebés son los mayores expertos en esto, ellos viven plenamente en el presente, pero a la vez es lo que con más frecuencia dejamos de hacer, los neuróticos somos auténticos expertos en esto, en no vivir en el presente, no re-conociendo lo obvio, lo que está frente a nuestras narices. Los neuróticos muchas veces no queremos aceptar nuestros deseos, nuestros miedos, no queremos sentir, damos rodeos buscando explicaciones para alejarnos de nuestras emociones, queremos controlar para sentirnos seguros, nos preocupamos por el futuro sin mirar el presente, no nos aceptamos como somos ni aceptamos al otro,... nos pasamos la vida huyendo.
Hay algo muy curioso en esto, y es que es lo más simple de hacer, de hecho los bebés son los mayores expertos en esto, ellos viven plenamente en el presente, pero a la vez es lo que con más frecuencia dejamos de hacer, los neuróticos somos auténticos expertos en esto, en no vivir en el presente, no re-conociendo lo obvio, lo que está frente a nuestras narices. Los neuróticos muchas veces no queremos aceptar nuestros deseos, nuestros miedos, no queremos sentir, damos rodeos buscando explicaciones para alejarnos de nuestras emociones, queremos controlar para sentirnos seguros, nos preocupamos por el futuro sin mirar el presente, no nos aceptamos como somos ni aceptamos al otro,... nos pasamos la vida huyendo.
Por supuesto que este es un camino de elección personal y que en ningún caso, como decía en el artículo anterior, es oportuno ni conveniente tratar de imponérselo a nadie. Tanto en el caso del acompañamiento terapéutico como en el espiritual, se trata de eso, de acompañar en este camino de toma de consciencia a quien, por voluntad y deseo propios, nos lo pida, y el acompañante hará, en cada caso, lo que pueda, quiera o sepa hacer.
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